De acuerdo a una imagen tomada el 5 de marzo por el satélite estadounidense Landsat 8 algo muy extraño esta pasando en la Antártida; el hielo marino en Granite Harbor, una bahía situada cerca del mar de Ross, posee un tono verde.

De acuerdo con el glaciólogo marino Jan Lieser, el tono verde del hielo probablemente se debe al trabajo del fitoplancton. De acuerdo con el medio, el mismo crece en la Antártida en verano, puntualmente en el hemisferio sur en el periodo desde octubre a febrero. Actualmente en la Antártida es otoño, pero los especialistas del Observatorio de la Tierra de la NASA afirman que el fenómeno también puede ocurrir durante esta estación.

De tal modo, el fitoplancton que floreció al final de la temporada parece haber quedado atrapado en el hielo marino recién formado, dándole un tono verde. En el otro extremo del globo, también las aguas del Ártico experimentan floraciones de fitoplancton, señala el portal.

 

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El Banco Mundial de Semillas de Svalbard es una enorme despensa subterránea de semillas de miles de plantas de cultivo de todo el mundo, situado cerca de Longyearbyen, en el archipiélago noruego de Svalbard.

Es el almacén de semillas más grande del mundo, creado para salvaguardar la biodiversidad de las especies de cultivos que sirven como alimento en caso de una catástrofe mundial.

Por esto, los especialistas de la organización Crop Trust han preparado un nuevo cargamento con 50 mil semillas; con esto la bóveda alcanzará un total de 930,821 muestras.

Contiene ejemplares de las más variadas y básicas fuentes de alimentación del ser humano, como la papa, arroz, cebada, garbanzo, lentejas y trigo.

El aumento de las tensiones políticas y los conflictos en varias partes del mundo ha llevado a los científicos a reunir muestras de diferentes semillas; esta vez provenientes de  Benín, India, Pakistán, Líbano, Marruecos, Países Bajos, EE.UU., México, Bosnia y Herzegovina, Bielorrusia y el Reino Unido.

 

 

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Por esto, investigadores de la Universidad Estatal de Arizona sugieren  construir 10 millones de bombas impulsadas por energía solar para producir agua y derramarla sobre la capa de hielo, donde se congelará rápidamente.

Poder realizarlo sería complicado y costoso; se calcula que valdría 500.000 millones de dólares- y, por ahora, la propuesta es solo teórica

“Para el 2030 no habrá hielo en el mar en verano y nada de lo que hagamos en el escenario mundial cambiará eso con suficiente anticipación. No vamos a lograr reducir las emisiones de dióxido de carbono a tiempo para prevenir las consecuencias”, dijo el profesor de astrofísica Steven Desch.

¿Cómo funcionaría?

Las bombas gigantes de agua estarían en boyas flotantes en el océano Ártico. Tomarían agua de debajo del hielo, la almacenarían en un tanque y luego se   derramaría encima del hielo. La parte superior de la capa de hielo es la más fría, así que poner el agua ahí encima la congelaría más rápido, explicó Desch.

Las máquinas funcionarían gracias a energía eólica.  El equipo de científicos calcula que se necesitarían 10 millones de esas máquinas para agregar un metro de hielo marino por cada décima de kilómetro cuadrado, durante un invierno.

 

 

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El periódico “The Washington Post”  ha publicado información en la que señala que el 2016 fue el año más cálido registrado en el Ártico, y los expertos en cuestiones climáticas se encuentran desconcertados por las actuales condiciones en la región.

La región del Ártico ha estado demasiado cálida durante mucho tiempo y la comunidad científica alerta sobre el problema y los cambios medioambientales que se están produciendo,

El clima en dicha región es conocida por variar drásticamente, y los científicos indican que el aumento de temperatura es tan extremo que los seres humanos seguramente han participado en ello.

Las actuales temperaturas en ese sector del Polo Norte, de acuerdo con los expertos, son mucho más elevadas de lo que se ha observado en los registros modernos, y la extensión del hielo marino sigue batiendo sus mínimos récord.

Mark Serreze, director del Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo en la ciudad de Boulder, Colorado, advierte que después de estudiar el Ártico y su clima durante tres décadas y media, ha concluido que lo que ha sucedido durante el último año va más allá de lo extremo.

En el Polo Norte, la temperatura subió unos 20º durante el pasado mes de noviembre, sobre la media para esa época del año. Otro gran flujo de calor es proyectado por los modelos climáticos para la próxima semana, y los meteorólogos predicen que en algunas zonas del Ártico las temperaturas se elevarán más de 50 grados por encima de lo normal.

Los investigadores aseguran que no hay una causa única de este calor anormal, pero indican que puede ser consecuencia de las variaciones naturales en el clima ártico combinadas con una tendencia de calentamiento a largo plazo resultante de la actividad humana.

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La situación especialmente anómala que atraviesa el Ártico, donde algunas zonas han alcanzado temperaturas más altas de lo normal en vísperas del invierno inquieta a la comunidad científica.

 

En gran parte del Ártico ahora no sale el sol debido a que se encuentra sumida en la noche polar. Para esta temporada, se esperaban temperaturas muy frías, mientras que el hielo marino que cubre el océano Ártico debería aumentar.

Sin embargo, este otoño las temperaturas fueron más altas de lo normal, registrándose niveles inusualmente bajos de hielo marino en el Ártico. Tras alcanzar en septiembre sus niveles más bajos, el hielo se está congelando, aunque no tan rápido como suele ser habitual. Además, el área del Ártico que cubre el hielo es aún menor que los índices mínimos registrados en 2012.

Esta anomalía térmica se debe a "la combinación de una extensión de hielo marino que supone un récord para esta época del año -probablemente un hielo muy delgado- y una gran cantidad de aire cálido y húmedo de latitudes más bajas que está siendo impulsado hacia el norte por una corriente en chorro muy ondulada". Este "comportamiento extremo" del Ártico podría prolongarse por bastante tiempo.

 

El fenómeno radica en un "océano subyacente muy caliente" debido a la falta de extensión de hielo en la superficie. Por otra parte, las curvas en la corriente en chorro han permitido que el aire caliente fluya hacia el norte y que el frío aire del Ártico descienda sobre Siberia. 

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Desde que la Segunda Guerra Mundial finalizó, existen multitud de leyendas que hablan de un misterioso búnker ubicado en el Ártico en el que los alemanes habrían resistido durante años los ataques aliados. El mito afirma incluso que incluía una base de para los populares submarinos alemanes.

En una base ha sido hallada por un equipo expedicionario del Parque Nacional «Ártico Ruso». Una reserva natural con una extensión de más de 14.000 kilómetros ubicada al norte del país.

Más concretamente, el hallazgo se realizó el pasado agosto en Alexandra, una isla ubicada a más de 1.000 kilómetros del Polo Norte. Este octubre, no obstante, la base ha sido noticia de nuevo debido a que la entidad ha publicado un vídeo en el que se pueden apreciar los restos del lugar.

Los empleados del parque han recogido cerca de 500 artículos de gran valor histórico en esta base (fue bautizada con el nombre de «Caza Tesoros»). Entre los mismos restos han destacado cajas de munición, equipo militar, artículos para el hogar, electrodomésticos, objetos personales o partes meteorológicos.

Restos de la baseTodos ellos, utilizados mientras la estación estuvo activa entre  septiembre de 1943 y julio de 1944.

 

El clima, ha permitido que algunos restos de plástico en buen estado, así como madera, cuero y tejidos naturales. 

En palabras de uno de los investigadores, la mayoría de los restos (muchos de ellos, pintados con esvásticas) datan de los años 1942 y 1943. Todos ellos, además, han colaborado para acabar con el mito de la base secreta. «Basándonos en las fuentes históricas, incluyendo las memorias de algunos alemanes que participaron, se realizó un estudio meteorológico. Ahora somos capaces de corroborarlo».

 

         

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Un nuevo video 'timelapse' de la NASA  nos muestra la reducción de la cantidad de hielo marino del Ártico en los últimos 30 años. El hielo marino del Ártico está perdiendo masa y está notando cada vez más los efectos del calentamiento de las aguas y la atmósfera.

                     
 
 

"Lo que hemos visto a lo largo de los años es que el hielo más antiguo está desapareciendo", lamenta Walt Meier, investigador del hielo marino del Centro Goddard Space Flight de la NASA en Greenbelt (EUA).

El Estudio de Visualización Científica de la NASA ha creado una muestra visual de la drástica escala a la que viene reduciéndose el hielo marino del Ártico desde 1984.

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 2016 va camino de convertirse en el más caluroso desde que se tienen registros, debido a las temperaturas de los primeros ocho meses, que han marcado nuevos récords en la serie histórica.
 
Durante el pasado agosto se batieron las marcas de temperatura registradas hasta ahora tanto en el océano Índico como en el Pacífico, según las informaciones de la WMO, y en todos los continentes, de acuerdo con los datos de la NASA. Concretamente, la temperatura a nivel mundial fue 0,16 grados centígrados más cálida que el anterior récord registrado en ese mes, alcanzado en agosto de 2014, y 0,98 grados centígrados más cálida que la temperatura media de agosto entre 1951 y 1980.

Los datos recogidos durante el último año reflejan que en 11 meses seguidos se han superado las marcas de altas temperaturas registradas. Según el secretario general de la WMO, no suponen una excepción o un caso aislado, sino que se convertirán en las nuevas temperaturas "normales".

 

Consecuencias para el planeta

Las consecuencias que el incremento global de la temperatura  ya esta mostrando sus efectos. El calor en las latitudes altas está siendo especialmente destructivo para la masa de hielo ártico y la capa de hielo de Groenlandia. Las altas temperaturas en los océanos están agravando la destrucción de los arrecifes de coral.

El Centro Nacional de Datos sobre Hielo y Nieve de EE UU ha anunciado  que el pasado 10 de septiembre se alcanzó la extensión mínima de superficie helada en el Ártico, con 4,14 millones de kilómetros cuadrados. 

Todo esto incrementa la urgencia por poner en marcha la implementación del Acuerdo de París" alcanzado en diciembre de 2015 con la finalidad de evitar un incremento de las temperaturas superior a 1,5 grados centígrados respecto de las temperaturas normales en la era preindustrial.

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Especialistas del Instituto de Síntesis Petroquímica de Moscú, adjunto a la Academia de Ciencias rusa, han desarrollado una tecnología la producción de combustible ecológico que no se congela a partir del gas asociado que se extrae durante la producción de petróleo.

El nuevo combustible podría ser utilizado en el Ártico, informó el investigador principal del proyecto, Alexánder Popov.

"El desarrollo de las regiones de la zona del Ártico sugiere una creciente necesidad de combustibles que no se congelen", indicó. "Al mismo tiempo, las regiones septentrionales de Rusia son ricas en hidrocarburos que podrían ser utilizados como materia prima para este combustible".

Popov sostiene que estos combustibles pueden ser producidos a partir de gas natural o de gas asociado, que contiene grandes cantidades de hidrocarburos como etano, propano, butano y naftas.

Los especialistas del instituto han desarrollado una tecnología de síntesis de éter dimetílico de gas natural asociado. En comparación con el diésel, los motores que usen este combustible rinden un 2% más, son más ecológicos y no se congelan a temperaturas muy bajas.

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Según los datos del National Snow and Ice Data Center (NSIDC) y la NASA, la formación de hielo invernal del Ártico se ha reducido a un mínimo histórico. Es el segundo año consecutivo que el máximo volumen anual de hielo alcanza este hito, informa el sitio web de la agencia espacial.

Cada año, la superficie de agua congelada que flota en la superficie del océano Ártico y sus mares vecinos se derrite durante la primavera y el verano y vuelve a crecer en los meses de otoño e invierno, alcanzando su punto máximo anual entre febrero y abril.

Este 24 de marzo, el hielo oceánico alcanzó un máximo de 14,52 millones de kilómetros cuadrados, el registro más bajo que se tiene desde que se iniciaron las mediciones con satélite. En 2015, la extensión de hielo se situó en los 14,54 millones de kilómetros cuadrados. 

 

Según Walt Meier, científico del hielo marino en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, el calor atmosférico ha contribuido probablemente a que se registre esta medida máxima, con temperaturas de hasta 6 grados centígrados por encima de la media en los bordes del casquete de hielo marino, donde este es más delgado.

 

 

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