Terremoto revela montañas a 660 kms bajo nuestros pies

El 9 de junio de 1994, un temblor de magnitud 8.2 en la  escala de Richter sacudió una región de la Amazonía . Nada tan poderoso se había visto en décadas, y su eco se sintió hasta en Canadá...

Este terremoto no fue solo grande, sino también profundo, con un punto focal estimadoa una profundidad de poco menos de 650 kilómetros. A diferencia de los terremotos que se mueven a través de la corteza, la energía de estos monstruos geológicos puede sacudir todo el manto como si de un cuenco de gelatina se tratase.

El temblor fue uno de los primeros en medirse en una red sísmica moderna, proporcionando a los investigadores grabaciones sin precedentes de las ondas que rebotan en el interior de nuestro planeta.

Al igual que las ondas de sonido de un ultrasonido pueden revelar diferencias en la densidad del tejido dentro de un cuerpo, las enormes ondas que pulsan a través de las entrañas fundidas de la Tierra mientras su corteza se estremece y se mueven contra sí misma pueden usarse para dibujar una imagen perfecta de lo que puede haber ahí abajo.

Los científicos aprovecharon la intensidad del terremoto de 1994 para detectar la dispersión de las ondas al transitar entre capas, revelando detalles de los límites.


"Sabemos que casi todos los objetos tienen rugosidad en la superficie y, por lo tanto, dispersan la luz. Por eso podemos ver estos objetos: las ondas dispersas llevan la información sobre la rugosidad de la superficie", aclara Wenbo Wu, el Instituto de Tecnología de California y líder del trabajo que publica la revista Science. "En este estudio, investigamos las ondas sísmicas dispersas que viajan dentro de la Tierra para limitar la rugosidad del límite de 660 kilómetros de la Tierra".

En esta profundidad, hay una división entre las partes inferiores más rígidas del manto y una zona superior que no está sometida a tanta presión, una que crea una discontinuidad marcada por la aparición de varios minerales en el agujero más profundo que hemos cavado apenas cuenta con 12 kilómetros de profundidad, por lo que sin un túnel a escala de Julio Verne para dejarnos bajar a dicha profundidad, no tenemos ni idea de cómo es esta zona de transición.

FUENTE MUY INTERESANTE

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